En internet se venden miles de productos cada minuto. Algunos son inofensivos. Otros, no.
Plaguicidas sin autorización, medicamentos veterinarios no registrados/aprobados o incluso especies de fauna protegida pueden circular en plataformas de comercio electrónico sin que nadie los detecte a tiempo. No porque no exista fiscalización, sino porque el volumen de transacciones es gigantesco: revisar manualmente cada publicación puede tomar minutos, y un fiscalizador apenas alcanza a analizar unas pocas decenas al día.
Ahí es donde entra la inteligencia artificial. AI-MarketScan es un software desarrollado por el Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile en conjunto con el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), con financiamiento estatal desde la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile (ANID), que es capaz de analizar automáticamente miles de publicaciones online y detectar posibles infracciones en cuestión de segundos.
El proyecto, liderado por el académico de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, Claudio Pérez, propone un cambio clave: pasar de una fiscalización reactiva a una preventiva, apoyada en tecnología. “El problema simplemente no es abordable sin inteligencia artificial. Estamos hablando de millones de publicaciones que hay que filtrar, analizando imágenes, texto y etiquetas. Es como buscar una aguja en un pajar”, explica Pérez.
El problema: un mercado que crece más rápido que la fiscalización
El comercio electrónico en Chile no deja de crecer. Solo una plataforma puede registrar cientos de búsquedas por segundo, con millones de productos disponibles. Frente a ese volumen, la fiscalización tradicional se hace imposible. Según datos del proyecto, un humano podría tardar hasta 1.600 días en revisar lo que este sistema procesa en solo 24 horas.
No se trata solo de eficiencia, sino de riesgo: muchos de los productos detectados pueden afectar directamente la vida cotidiana. Desde plaguicidas potencialmente tóxicos hasta medicamentos veterinarios no autorizados o la venta no permitida de fauna silvestre, el impacto no es abstracto: puede comprometer la salud de las personas, de los animales y del entorno.
Cómo la IA entiende lo que está viendo
AI-MarketScan no piensa como un humano, pero sí aprende a reconocer patrones en imágenes y textos. Este enfoque se basa en inteligencia artificial multimodal, es decir, modelos que combinan distintos tipos de información al mismo tiempo. El sistema realiza tres funciones clave: selecciona, reconoce y compara. Primero, revisa tanto las imágenes como los textos de cada publicación electrónica y selecciona las que tienen relación con el SAG. Luego, identifica qué tipo de producto es, guiándose por las imágenes y textos publicados. Finalmente, cruza esa información con la normativa vigente del SAG para detectar irregularidades.
“Lo que hacemos es reconocer los objetos que se ven y describen en los anuncios y comparar esa información con lo que dice la regulación. Ese cruce es lo que permite identificar productos que no cumplen la normativa y detectar estos casos que están inmersos en un universo gigantesco de anuncios”, señala Pérez.
No reemplaza al fiscalizador: cambia su rol
El resultado no es una decisión automática final, sino un ranking de alertas donde los casos más graves aparecen primero. En total, el sistema ha analizado más de 232 mil publicaciones atingentes al SAG, detectando 4.634 alertas clasificadas según su nivel de severidad.
Los casos más críticos incluyen, por ejemplo, la venta de especies protegidas, productos altamente tóxicos o medicamentos sin ningún tipo de registro sanitario.
“La decisión final siempre la toma un fiscalizador. La inteligencia artificial permite priorizar y enfocar el trabajo en los casos más relevantes”, explica Pérez. Esto cambia completamente la lógica de trabajo: ya no se trata de revisar todo, sino de llegar primero a lo que realmente importa.
Una revisión manual de este volumen habría requerido cerca de 38 mil horas de trabajo, es decir, más de cuatro años sin detenerse. El sistema, en cambio, puede procesar cerca de 10 mil publicaciones por hora.
Antes, la fiscalización dependía de búsquedas fragmentadas o denuncias. Hoy, es posible construir un mapa completo del riesgo en el comercio electrónico y actuar de manera anticipada.
Lo que viene: IA con impacto público
Más allá de lo tecnológico, este desarrollo apunta a un problema estructural: cómo el Estado enfrenta entornos digitales que crecen a una escala que ya no es manejable manualmente.
El sistema permite detectar productos no autorizados antes de que se masifiquen, proteger la salud de personas y animales, y resguardar recursos naturales como la fauna silvestre. Hoy existen problemas que simplemente no se pueden abordar sin herramientas computacionales. Este tipo de sistemas permite que el Estado pueda operar en escenarios donde antes no tenía capacidad real de acción. El equipo espera que AI-MarketScan pueda ampliarse a corto plazo a nuevas plataformas y áreas de fiscalización dentro del SAG.



