crónica del encuentro que puso a pensar a 5.000 estudiantes.
Hace un mes ya se realizó el evento que convirtió Espacio Riesco en un enorme campus. Más de 5.000 estudiantes de 3° y 4° medio llenan los pasillos, atraídos por stands interactivos, robots y la promesa de un futuro. El murmullo es una mezcla de risas, preguntas y el roce de mochilas, mientras recorren las opciones que ofrecen 24 instituciones de educación superior.
En esta octava versión de Protagonistas 2030, el Summit de Educación de El Mercurio, nos encontramos con un evento que busca ser un punto de encuentro para todo el ecosistema educativo. Celebrado los días 22 y 23 de julio, su principal objetivo es estimula la reflexión en las nuevas generaciones sobre los desafíos del futuro, promoviendo una visión sin miedo ante los acelerados cambios tecnológicos.
La primera jornada inició con una reunión de las máximas autoridades de las entidades participantes y continuó con el plenario inaugural del evento que este año instaló como foco la premisa: “El poder de lo humano para crear el futuro”.
Estuvimos allí para vivir la experiencia en primera persona. Aunque los stands, prototipos y talleres captaban la atención, la verdadera columna vertebral del Summit fueron los auditorios, donde 50 conferencistas compartieron investigaciones, propósitos y hojas de ruta. A continuación, te contamos sobre dos charlas que condensaron el espíritu de la jornada.
El motor de la ciencia: ¿cómo llegamos hasta aquí?
En el Salón Azul, Mario Ponce Acevedo; vicerrector académico de la Pontificia Universidad Católica de Chile, matemático formado en la Universidad de Chile, el Instituto Nacional de Matemática Pura y Aplicada (IMPA) y la Universidad de París Sur, Francia; se propone responder esta pregunta ante cientos de estudiantes.
Comienza con una encuesta al estilo ¿Quién quiere ser millonario? proyectada en la pantalla. “¿Quién es el personaje más importante en la historia de la astronomía: Copérnico, Tycho Brahe, Kepler o Newton?”. El público votó levantando la mano. La mayoría eligió a Newton. Casi nadie votó por Tycho Brahe.

A los humanos siempre nos ha llamado la atención la astronomía y por eso se han propuesto varios modelos planetarios. “Bueno, es que la ciencia es eso: la mejor explicación posible con el conocimiento que tenemos del momento”, afirmó Ponce, revelando el verdadero propósito de su charla. “Hoy les voy a contar porqué no conocen a Tycho Brahe”.
La narrativa nos lleva años atrás, hasta Nicolás Copérnico, quien presentó una nueva teoría planetaria que, en el fondo, proponía una nueva forma de entender el mundo, sacando al ser humano del centro. Años más tarde, Galileo defendería esta idea. Sin embargo, antes de él, Tycho Brahe construyó los observatorios más precisos y anotó, noche tras noche, los datos que harían posible la revolución.
Pese a tener en sus manos la evidencia para dejar atrás el modelo religioso, Tycho ofrece un modelo “intermedio” para no incomodar a sus mecenas, condicionado por el financiamiento real y la política. Años después sería Kepler quien, usando los registros de Tycho, confirma el sistema heliocéntrico y formula las leyes que fundan la ciencia moderna.
El punto de la charla no fue una clase de historia, sino una lección de ética. “Todos nos vamos a enfrentar a dilemas éticos”, advirtió Ponce, subrayando que el progreso científico no solo depende de genios, sino de decisiones humanas informadas por evidencia. ¿Por qué olvidamos a Tycho? Porque decidió mal. Porque comprometió la verdad por conveniencia.
En tiempos de inteligencia artificial y resultados “rápidos”, el mensaje a los jóvenes fue directo: sin datos rigurosos ni discernimiento ético, no hay ciencia que sostenga el futuro.
Finalmente, Ponce responde a su pregunta inicial. ¿Cuál es el motor de la ciencia? “La humanidad”, concluye. Las personas que se atreven a hacer ciencia, combinando curiosidad, rigor y toma de decisiones con propósito, son los verdaderos motores del progreso científico.
Cuidar el cerebro y el planeta para un bienestar sostenible
En el salón amarillo, los doctores en Neurociencias, Agustín Ibáñez (especialización en electrofisiología en el Max Plank Institute for Brain Research, Alemania) y Constanza Baquedano (doble grado de doctora en Neurociencias, por la Universidad Claude Bernard Lyon 1, Francia, y la UC) buscan exponer como el macrocosmos social y físico esta conectado con el microcosmos de nuestra mente. En otras palabras, lo que pasa afuera moldea lo que pasa adentro.
Comienzan presentándonos el concepto de exposoma: las exposiciones ambientales (contaminación, ruido, estrés social, pobreza, etc) que, sostenidas en el tiempo, fuerzan respuestas biológicas crónicas (alostasis) y aceleran el desgaste cerebral.
Esta es una invitación a conocer cómo los entornos que habitamos, desde las ciudades y trabajos, hasta los vínculos sociales y la naturaleza, moldean profundamente la salud cerebral y mental. “El cerebro no está flotando en el aire; está en un cuerpo que vive en un entorno”, resumió ibañez.
La charla pasa del diagnóstico a los factores protectores: educación, sueño, arte, multilingüismo y, de manera especial, contacto con la naturaleza. Con evidencia, explican que la conexión con ambientes naturales no solo mejora el bienestar psicológico, también promueve conductas proambientales.
Aquí, Baquedano suma la mirada One Health (una salud). “Nuestra salud no está separada de la salud de los ambientes ni de los animales”, dice. La desconexión con la naturaleza, que se ve reflejada hasta en los productos culturales que consumimos, reduce la empatía y el comportamiento proecológico. Por eso propone prescripciones simples y potentes: caminar en áreas verdes, reconectar con el cuerpo, cultivar hábitos creativos. Ciencia aplicada al día a día.
El tono es cercano y práctico. Dan ejemplos con “vidas posibles” según el barrio donde se nace, visualizaciones de “relojes” de envejecimiento cerebral y la conclusión: una invitación a trabajar de forma interdisciplinaria. A entender que cuidar el espacio y ambiente, está altamente interconectado al cuidado de la mente y calidad de vida. Que nuestra tarea es construir un futuro sostenible para los humanos, pero también para todas las otras especies que habitan este planeta. Y que las grandes preguntas sobre el clima, la ciudad y la salud mental no compiten entre sí, se necesitan.
Más que IA: Encontrar tu lugar en la ciencia
En los pasillos vimos decenas de stands que apuestan por robots e IA para captar miradas (y funcionan). Pero la ciencia del evento fue mucho más que eso. A las clásicas 4C del siglo XXI (creatividad, colaboración, pensamiento crítico y comunicación), el Summit sumó comunidad y ciudadanía.
Lo importante no fue solo la orientación vocacional, sino la invitación a los estudiantes a hacerse preguntas esenciales: ¿Qué motor quiero poner a mi propia ciencia? ¿qué futuro quiero construir con mi carrera? ¿con qué conocimiento y valores lo voy a sostener?
Al final del día, el lema del encuentro se siente literal: “El poder de lo humano para crear el futuro”. La invitación queda hecha, para estudiantes, para quienes ya están en la academia, para quienes quieren estar y toda persona que le interese, ser protagonistas no es ocupar el centro de la escena, es aprender a usar las herramientas de conocimiento para decidir por un mundo mas justo y equitativo. Y eso —como mostraron Ponce, Ibáñez y Baquedano— es ciencia en estado puro.
Revisa aquí la entrevista a CDivulga en Protagonistas2030.
Escrito por Belén Sabbag.
