Veterinaria y directora de OVISNOVA, Marcela impulsa una propuesta científica que combina innovación y tradición. Busca transformar la ganadería tradicional en una herramienta regenerativa, donde la oveja no solo alimenta, sino también repara suelos, conserva biodiversidad y preserva saberes ancestrales.
Desde hace 28 años, Marcela Gómez Ceruti dedica su carrera a estudiar, criar y proteger a un animal que muchos dan por sentado: la oveja. Aunque suele pasar desapercibida, la oveja está profundamente arraigada en la historia rural chilena. Se ha adaptado por generaciones al clima, al suelo y a la cultura campesina del secano, convirtiéndose en parte esencial de los ecosistemas del país.
Para Marcela, este mamífero representa un recurso clave para restaurar suelos degradados, regenerar ecosistemas y preservar un valioso patrimonio genético y cultural.
Desde esa convicción nace su propuesta científica, desarrollada desde el territorio: reemplazar el modelo de ganadería extractiva por una ganadería regenerativa, capaz de cuidar la tierra y sostener a las comunidades que dependen de ella.
¿Quién es Marcela Gómez Ceruti?
Médico veterinaria, diplomada en reproducción ovina de la Universidad de Chile, y Magíster en educación basada en competencias de la Universidad de Talca. Su historia con las ovejas comenzó en la década de los noventa, cuando fue solicitada para elaborar un proyecto en el secano de la región de O’Higgins. Ahí no solo descubrió su pasión por estos animales, sino también por la gente y el territorio.
Marcela explica que existen muy pocos secanos mediterráneos similares al de Chile a nivel mundial, algunos ubicados en California, Australia y Extremadura. Estos territorios agrícolas se caracterizan por ser semiáridos y depender exclusivamente de las lluvias, sin sistemas artificiales de riego.
“Fui conociendo la especie, conociendo su problema y me enamoré. El secano son zonas semiáridas, por lo tanto es una situación compleja, con grandes desafíos y grandes oportunidades. Vi ahí la oportunidad de hacer algo interesante, hacer algo por la gente, por la tierra, por el suelo, por el planeta”.
Desde entonces, Marcela ha desarrollado una destacada carrera especializándose en el manejo y producción de los ovinos, adquiriendo experiencia en países como Canadá, Australia, España, Francia, Argentina y Uruguay.
Actualmente, es la directora del Centro de Innovación y Desarrollo de Ovinos para el Secano (OVISNOVA) de la Universidad Santo Tomás en Talca, donde investiga y desarrolla innovaciones para la ganadería ovina en el secano, enfocándose en regeneración de suelos, genética y producción sustentable. Para Marcela, lo que distingue el trabajo de OVISNOVA es su fuerte compromiso con la transferencia tecnológica y la vinculación directa con las comunidades locales.
“La ciencia no puede quedarse encerrada en los laboratorios, tiene que ser útil y responder a los dolores reales de los territorios”, sostiene Marcela al referirse al estado de los ecosistemas del secano. “No estamos mirando solamente plantas, estamos mirando un suelo con capacidad para crear vida, producir forraje, albergar flora y fauna local, pero sobre todo estamos mirando personas, comunidades cuyo bienestar depende directamente de ese ecosistema.”
Frente a los desafíos actuales del secano chileno, Marcela presenta una solución clave y concreta: la protección de la producción ovina.
Patrimonio genético del secano chileno: ¿Por qué la oveja?
Generación tras generación se ha transmitido la ovejería en la región de O’Higgins. Hoy, además de una tradición agrícola, se trata de un patrimonio vivo. Actualmente, cerca de 158 mil ovejas habitan la región, concentradas especialmente en el secano, siendo la provincia de Cardenal Caro el hogar del 68% de este ganado, lo que representa un gran potencial productivo y cultural.
“Hay razas que son un patrimonio genético adaptadas específicamente a estos ecosistemas. Además, existen saberes culturales ancestrales, sobre todo en las mujeres que han usado la lana para crear artesanía textil patrimonial“, destaca Marcela.
El patrimonio genético se refiere a la riqueza de características biológicas únicas desarrolladas por ciertas especies animales o vegetales para adaptarse específicamente a determinados entornos y condiciones climáticas. En el caso de la oveja en el secano chileno, se trata de razas que han evolucionado y se han adaptado perfectamente a las zonas semiáridas.
Más allá de esto, la oveja ha sido un elemento clave del equilibrio ecológico, así como del desarrollo económico de la región. Como explica Marcela, “La agricultura familiar campesina ha encontrado en la ovejería la posibilidad de crecer económicamente, de educar a sus hijos, enviarlos a la universidad; es algo muy importante que debemos proteger”.
Ganadería regenerativa: Restaurar la tierra desde lo local
El secano chileno está en crisis. El avance del cambio climático, sumado “al uso de maquinaria, el mal manejo de los animales, el sobrepastoreo y la conversión de suelos agrícolas en parcelas”, ha deteriorado profundamente su ecosistema. El suelo, base de la vida productiva del territorio, se encuentra degradado y empobrecido. Esta situación no solo afecta a la biodiversidad del entorno, sino también a quienes lo habitan y trabajan.
La producción ovina también ha sufrido un fuerte impacto. “En los últimos diez años, las poblaciones ovinas han disminuido más de un 30%”, alerta Marcela. Entre las amenazas más preocupantes están precisamente el cambio climático, el cambio de uso de suelo y los ataques de perros sin control.
Marcela no solo denuncia, también propone. Desde el Centro OVISNOVA impulsa la ganadería regenerativa, una alternativa productiva basada en el respeto por los ritmos de la naturaleza. El Instituto de Desarrollo Agropecuario del Ministerio de Agricultura define la ganadería regenerativa como un modelo productivo sustentable que se basa en la planificación y manejo consciente del pastoreo, donde animales herbívoros son trasladados estratégicamente para permitir que los suelos se recuperen de forma natural. Bien manejado, el pastoreo mejora la fertilidad del suelo, recupera la cobertura vegetal y permite la captura de carbono, lo que ayuda directamente a combatir el cambio climático.
“Hay que entender que la ganadería regenerativa es un nuevo paradigma. Una nueva forma de manejar los animales, que deja atrás el modelo extractivo y el mal uso del suelo”, afirma Marcela. “Con la oveja nosotros podemos restaurar suelos. Eso ya se ha demostrado científicamente en varias partes del mundo”. Países como Australia, España y México han avanzado en este camino, y en Chile comienzan a verse los primeros resultados.
La propuesta de Marcela no solo tiene impacto ambiental, también social. “Al regenerar el suelo, se recuperan servicios ecosistémicos clave. Esto le permite al agricultor mejorar su rentabilidad, su ecosistema y su calidad de vida. Y nos permite también proteger a la oveja, rescatar sus bondades, y mostrar que puede ser parte de la solución”.
Patrimonio cultural y economía circular: Ciencia desde los territorios
El vínculo entre las ovejas y el secano no solo se manifiesta en la regeneración del suelo. También se extiende a un problema silencioso que afecta al territorio: la acumulación de lana sin uso.
Durante años, el secano mediterráneo, especialmente en O’Higgins y Maule, tuvo una importante industria lanera. Sin embargo, la lana de baja calidad ha ido perdiendo su valor comercial y comenzó a acumularse en los campos. Sin un mercado que la recibiera, muchos agricultores optaron por quemarla, generando un grave problema ambiental. “Esa lana libera todo el carbono que tiene, entonces seguimos agravando el cambio climático”, explica Marcela.
Frente a esta realidad, el equipo de OVISNOVA ideó una solución desde la economía circular. Aprovechando las propiedades de la lana, que es rica en proteínas y nutrientes, desarrollaron un fertilizante líquido y un pellet que retiene humedad y regenera el suelo. “La oveja tiene subproductos maravillosos como la lana, que transformamos en fertilizante líquido o pellet. Es proteína, es vida, y al devolverla al suelo estamos cerrando un ciclo desde la economía circular”, comenta.
Pero no es la única iniciativa que lidera. En la región de O’Higgins, Marcela impulsó el rescate de la oveja merino, una raza ovina históricamente presente en el secano mediterráneo y reconocida por su lana fina. “Pasamos de más de un millón de animales a solo 22 mil en 2017. Estábamos a punto de perder un patrimonio genético”, recuerda.
Así nació el proyecto “Tras la hebra de la oveja merino”, que unió a criadores de ovejas con artesanas textiles del territorio. Muchas de ellas, con tradición familiar campesina, nunca habían trabajado con lana merino. Gracias al proyecto, comenzaron a incorporar esta fibra a sus telares, sumando innovación a sus técnicas ancestrales. “Logramos una innovación dentro de la tradición. Y eso también es ciencia”, afirma Marcela.
El proyecto sumó alianzas estratégicas con actores locales, como la viña Estampa, que ofreció espacio para levantar un centro de extensión textil. Hoy, “Tras la hebra de la oveja merino” cuenta con tienda, telares y una exposición permanente que pone en valor el trabajo de estas tejedoras y el uso responsable de la lana.
La iniciativa también contó con el apoyo del equipo de CDivulga, que desarrolló talleres de comunicación para las artesanas. “Natalia nos apoyó muchísimo. Les enseñó a usar redes sociales, a comunicar su trabajo. Eso fue clave para que hoy sigan unidas, trabajando y mostrando lo que hacen”, destaca Marcela.
El resultado es un proyecto vivo que combina rescate de la tradición, regeneración ambiental y destacar el rol de las mujeres artesanas. Un ejemplo concreto de cómo la ciencia, puesta al servicio de los territorios, puede proteger y transformar realidades locales.
Ciencia que cuida y transforma
Hoy, el secano chileno enfrenta múltiples amenazas, pero también alberga respuestas nacidas de su propio territorio. La mirada de Marcela Gómez Ceruti propone algo más que técnicas agrícolas: plantea una forma de hacer ciencia con los pies en la tierra y el corazón en las comunidades.
Desde el manejo regenerativo hasta la revalorización del saber textil, su trabajo demuestra que la innovación no siempre viene de afuera. A veces, empieza por mirar distinto lo que ya está ahí: una oveja, una mujer tejedora, un suelo que resiste.
Porque quizás, como ella misma ha demostrado, la ciencia más valiosa no es la que solo descubre, sino la que también cuida.
Este reportaje forma parte de la serie de perfiles de científicas chilenas que lideran iniciativas transformadoras en sus comunidades, promovida por CDivulga.
