Romina Ahumada, astrónoma y divulgadora: “Chile concentrará el 70% de la observación astronómica mundial, debemos llevar las ciencias a todas las personas”

Romina Ahumada, además de ser astrónoma y divulgadora científica, tiene una amplia formación en didáctica de la física y ha recorrido un largo camino para poder dedicarse a las ciencias. Su historia comienza cuando era joven y asistía, en contra de su voluntad, a un colegio técnico; pero su innata curiosidad la llevó a interesarse por la física, área que hoy espera acercar a toda la ciudadanía con un contenido interesante y un lenguaje cercano.  

 

En el transcurso de su vida nuestra entrevistada se ha especializado en diversas áreas, y está orgullosa de todas. Es astrónoma de formación, divulgadora científica y es mamá. Cuando decidió que la investigación doctoral definitivamente no era lo que la hacía feliz, dio un paso al costado para dedicarse de lleno al terreno, a la recolección de datos, y a la divulgación científica. A los pocos meses, se enteró de que otro de sus sueños se cumplía: estaba embarazada de una niña.

Con un auspicioso currículum en educación y divulgación científica, y una página de instagram (@rommy_cosmic) donde se dedica a la divulgación de la astronomía y de la ciencia en general, Romina jamás se rindió ante una puerta cerrada, al contrario, trabajó muy duro para volver a su casa con su título bajo el brazo. Esta es la historia de una niña que llegó hasta las estrellas.

 

El libro de física de la Biblioteca de Santiago

Romina Ahumada hoy vive en la Región de O’Higgins, cerca de la Universidad de O’Higgins, donde hoy ejerce la docencia. Sin embargo, se crió en Santiago, donde las tardes en las bibliotecas metropolitanas eran la norma. Desde chica fue curiosa, característica que la llena de orgullo. Una niña muy preguntona ¿Por qué me sigue la luna? ¿cuán lejos están las estrellas? O… ¿cómo salvó el mundo el protagonista de la película Armageddon?

Con una temprana vocación por el teatro, Romina nunca imaginó que terminaría dedicándose a la física. Todo cambió durante la enseñanza media, cuando una inspiración inesperada la hizo mirar hacia las estrellas. “Un día estaba viendo Armageddon – era la época en que se estrenaban muchas películas sobre asteroides, como Impacto profundo- , y me llamó la atención esa idea de que el mundo podía ser destruido, pero existían astronautas capaces de salvarlo. Sentí una enorme curiosidad por saber qué había más allá de nuestro planeta”, recuerda.

Sin embargo, en el colegio no tenía muchas herramientas para explorar esas preguntas, hasta que un profesor de física le explicó qué ocurría más allá de la atmósfera terrestre. Desde ese momento, Romina comenzó a preparar la PSU para poder ser astrónoma. No le fue posible estudiar física después de segundo medio, porque en su colegio, se eliminaban algunos ramos para dar paso a la formación técnica, en su caso, en administración de empresas. A pesar de tener que seguir con esta formación, Romina hizo todo lo posible por aprender física. En esta época vivía en la capital y pasaba grandes ratos en la Biblioteca de Santiago, ubicada en Santiago centro. Ahí existían libros que respondían a las preguntas que se hacía. En particular, se encontró con un libro de física, que nadie más que ella pedía prestado. “Todavía tengo ese libro, porque siempre pedía el mismo, y un día lo pedí y todavía lo tengo, porque fue como mi primer acercamiento a la física” confiesa la divulgadora.

Romina dio la PSU dos veces antes de ser aceptada en la Universidad de Concepción para la carrera de ciencias físicas. “Me pasa que me gusta contar mi experiencia para que gente que viene de colegios técnicos o de bajos recursos, vea que sí se puede. Mi abuelo me decía que los pobres no van a la universidad, y yo le contestaba, bueno, seré la primera pobre en ir a la universidad. Hay que creerse el cuento para lograrlo”, relata.

En Concepción conoció a los científicos que tanto había admirado en las películas, y fue parte de las mismas conversaciones que algún día soñó con escuchar. Al preguntarle por algunos de sus referentes, reflexiona sobre la brecha de género que aún persiste en las ciencias, evidenciada en la falta de profesoras mujeres en la universidad. “Cuando estudié no había muchas mujeres, de hecho nunca tuve una profesora, eran puros hombres. Tenía una sola profesora que era física, y era mexicana. Ella era jefa de carrera, pero lo era porque los hombres no querían hacer la parte administrativa. Pero no tuve profes astrónomas, no había muchas.”

Si bien Romina es enfática en decir que hombres y mujeres se complementan, y que se aportan más de lo que los diferencia, también reconoce que sus referentes han cambiado con el tiempo. “Ahora mismo, mis referentes son mujeres que conozco, son mis colegas, que las he visto triunfar y hacer su camino. Tengo una amiga, María Gabriela Navarro, que está en la escuela del Vaticano, fue a hacer su tesis allá porque el Vaticano tiene su departamento de astronomía, trabaja con el Telescopio James Webb, así que es una mujer que admiro muchísimo. También tengo una amiga, Alejandra Rojas, que ahora está en la Universidad Federico Santa María y es brillante en el estudio de los agujeros negros. Para mí, ver a mujeres que comenzaron con tan poco -cuando quizás ni siquiera creían demasiado en nosotras-, pero que aun así lograron abrir camino para las que venimos después, es algo que admiro profundamente”, declara.

 

Se cierra una puerta y se abre una ventana

Tras varios años de estudio, Romina logró la meta que se propuso: volver a su casa con su cartón de astrónoma bajo el brazo. En el tercer año de la carrera de ciencias físicas, eligió la especialidad de astronomía, de la cual finalmente se graduó. Concepción es una gran ciudad para vivir y estudiar, pero Romina se encontraba demasiado sola. Al terminar la carrera, volvió a Santiago a hacer su magíster en astronomía siguiendo a uno de los docentes que la había acompañado durante la carrera. “Al magíster entramos tres, yo la única mujer, y la única que quería astronomía, los otros dos iban a física”, relata.

Al finalizar esta etapa, le ofrecieron la posibilidad de hacer un doctorado, que Romina en un principio rechazó. “No era algo que yo quería hacer, la investigación me gusta, pero no me imagino toda mi vida frente a un computador. Pero mi profesor estaba tan entusiasmado con seguir trabajando mi tesis que entré igual. Me enfermé en ese programa, me encontraron hipotiroidismo, pero venía con muchas bajas anímicas. Al final del segundo año había que dar el examen de calificación para ver si eres candidato a doctor, y yo lo reprobé. Lo di de nuevo, pero tampoco pasé. Y ahí dije “yo no quiero más esto”, fue un estrés y una presión tan grande, y además yo tenía ganas de ser mamá, así que pensé “quizá por algo pasan las cosas”.

Casi al tiempo que renunció al programa de doctorado, le ofrecieron un puesto en el Observatorio Las Campanas representando a la Universidad Andrés Bello. Llevaba apenas dos meses trabajando allí cuando se enteró que estaba embarazada. “Se me cerraron las puertas por un lado, pero se me abrió todo un mundo. Trabajé embarazada, muy gordita, de siete meses, hasta que ya no me dejaron subir al avión, por eso no pude seguir trabajando. Regresé cuando tenía a mi hija de cuatro meses, porque faltaba gente en el observatorio. Ahí reforcé que no me gustaba la investigación, yo quería poder ir a terreno, ver los datos así mismo”.

Cuando llegó la pandemia, Romina acababa de concluir un proyecto en el Observatorio, mientras continuaba realizando labores de divulgación científica en el mismo lugar. Estaba a punto de iniciar una nueva investigación, pero la crisis sanitaria lo detuvo todo por más de un año, dejándola sin trabajo. Aun así, supo reinventarse: comenzó a traducir sitios web y materiales de observatorios del inglés al español, y luego a colaborar con docentes de la Región de O’Higgins para adaptar esas actividades al aula. Fue entonces cuando descubrió que lo que más le apasionaba no era solo observar el cielo, analizar datos o manejar telescopios, sino acercar la astronomía a otras personas a través de la educación y la divulgación.

Actualmente, la astrónoma lleva varios años dedicada a la divulgación científica y recientemente participó en el Festival de las Ciencias, organizado por el Ministerio de Ciencia. “Di una charla sobre desinformación, porque así como hay mucho que comunicar, también es fácil no comprobar una información y caer en noticias falsas”, comenta. A Romina le sorprende cómo surgen y se mantienen ciertos mitos: “Por ejemplo, después de tantos años de la llegada del hombre a la Luna, todavía hay quienes la ponen en duda. O aparecen temas como Mercurio retrógrado o la luna de sangre… Entonces, creo que estas son oportunidades para comunicar ciencia, pero también para decirle a las personas: ‘oiga, no crea todo lo que ve en internet’. Nosotros podemos aclarar esa información, pero también esperamos que la gente desarrolle un poco de pensamiento crítico”, concluye.

 

Educar desde las ciencias

Romina fue madre, justo en el momento de su vida en que renunciaba a otras cosas que no la hacían feliz. Cuando quiso divulgar la ciencia, creó redes sociales para difundir su contenido, contó su historia, y está, actualmente logrando un cambio para impulsar que más niñas puedan interesarse por carreras del área STEM.

Recién un par de semanas antes del cierre de este reportaje, defendió con éxito la tesis de su segundo magíster, sobre Didáctica de la Física. Al respecto, Romina explica la importancia de formar profesoras y profesores que sepan desafiar a sus alumnos y sus conocimientos. “La idea de la didáctica es que nosotros fomentemos la curiosidad todo lo que podamos, incluso con adultos. Yo doy clases a los que serán profesores de física o ciencia en el futuro, y ellos tendrán que formar esa curiosidad en sus estudiantes. Lo pueden lograr por medio de la investigación que sus estudiantes puedan hacer. Ellos deben ser parte del proceso, partícipes de su aprendizaje, meter las manos y explorar, y darse entender por su propia cuenta. Buscamos que el niño o niña sea capaz de hacer con sus propias manos el experimento”, explica.

La astrónoma evidencia dos problemas graves para el aprendizaje de las ciencias para las futuras generaciones. En primer lugar, existe un déficit de profesores de física, y por otro lado, cada vez más los jóvenes están perdiendo su curiosidad, pero se muestra optimista respecto a problemas que podrían tener una solución. “Vamos por un buen camino, los docentes que se están formando ahora son muy distintos que hace 15 años atrás. Ellos aún tienen curiosidad y ganas de hacer un cambio. Ahora, el tema es que también hay un déficit de docentes, y en el área de la física ¡es increíble! Es una temática que no llama la atención, sobre todo a las mujeres, en física los estudiantes son casi puros hombres. Es porque creemos con esa idea que la física es difícil, que es fome, y a los 13 años se hace un quiebre y a esa edad, las niñas ya no quieren seguir una carrera STEM”, explica Romina.

La científica explica: “no es que los niños sean mejores, no lo son, sino que después de esa edad, en el paso entre sexto y séptimo, las niñas pierden esa curiosidad y comienzan a interesarse más por el área del cuidado. Les regalan muñecas y coches y les dicen que no se suban a los árboles, que no jueguen a la pelota porque es cosa de hombres. Yo creo que es un tema social, porque se deja de fomentar la curiosidad en las niñas. Sin embargo, eso igual ha cambiado, ahora mi hija me ve a mí, que soy astrónoma, y su papá que es ingeniero, entonces en su cabeza no existe ese límite. Al venir de otras realidades, también los niños y niñas tienen un pensamiento más limitante”, agrega.

Romina piensa que las mujeres tenemos muchísima capacidad para la física y para las ciencias. “Solo nos hace falta empoderarnos”, comenta. Queda trabajo por hacer y podemos partir en la sala de clases. Preguntarle a las niñas en clases para que ellas respondan, decirles que también pueden ser ingenieras, que también pueden ser científicas. –Es importante visibilizar a las mujeres que han hecho carrera en ciencia, que las mujeres sean referentes para las niñas– concluye.

 

Los cielos de Chile: patrimonio de la humanidad

Para Romina, la enseñanza de las ciencias, debe estar pensada para todo tipo de público, incluidas personas con discapacidad y adultos mayores. “Yo hice hasta un curso de lengua de señas, porque teníamos estudiantes sordos que no se pueden quedar fuera. También me gustaría poder incluir a la tercera edad, porque de verdad existe mucha desinformación en ese segmento. Recuerdo cuando mi abuelo me contó la primera vez que vio un eclipse. Estaba jugando a la pelota, se oscureció el cielo de repente y todos se escondieron porque nadie sabía lo que estaba pasando. Antes no había esa información que ahora dan incluso por la tele, pero los adultos mayores no tienen con quien compartir esto”, recuerda Romina.

Para la astrónoma, es importante intentar llegar a cada rincón, con especial énfasis en los lugares donde la gente está más alejada de los sectores urbanos, de la universidad, o de los museos. “Tenemos que llegar a todos y todas, a gente de todas las edades, o con discapacidades. Es fundamental, en todo ámbito, y en todas las disciplinas, que todos tengamos acceso al conocimiento, sobre todo en un país como Chile, donde al final de esta década se espera que concentremos casi el 70% de la observación astronómica a nivel mundial” afirma.

La importancia de la divulgación científica, también tiene que ver con lo que algunos llaman “alfabetización científica”, y se debe considerar a la parte de la ciudadanía que no estudia, que no va a la universidad, que tiene más de 30 años, pero no comprende estos fenómenos. “A veces dejamos abandonado a un sector de la comunidad porque creemos que no es algo masivo, o que no nos da indicadores suficientes, cuando en realidad deberíamos pensar en estrategias para incluirlos”, sentencia Romina.

Para Romina pocas cosas parecen imposibles, esto, gracias a su férrea voluntad e inigualable esfuerzo. Sin duda, un ejemplo a seguir. Una mujer que además de seguir su vocación por la física, sigue en camino para cumplir sus metas: ser astrónoma, divulgadora, llegar al territorio, e incluso ser madre.

 

Este reportaje forma parte de la serie Mujeres Líderes en Ciencias, Región de O’Higgins. Un proyecto de CDivulga financiado por el Fondo de Medios de Comunicación Social (FFMM) 2025. 

 

Ve el video sobre este reportaje aquí. 

Destacamos

  • All Posts
  • Blog
  • Columna
  • Destacadas
  • Mujeres Ciencia
  • Noticias
  • Reportaje
  • Sin categoría

Contáctenos

Edit Template

Entendemos que la educación es la base para una ciudadanía crítica, informada y empoderada.