OPINIÓN | La transacción de la comunicación de la ciencia con el espíritu de la época

Mientras camina, un niño recoge una vara. La desliza, golpe tras golpe, sobre la reja que le entrega sonidos metálicos. Aunque no es una melodía clara, está el placer de experimentar. 

En talleres de ciencia, he visto a muchos niños encontrar la relación causa y efecto que tendrá un experimento. Algunos, al mismo tiempo que levantan el brazo, dan la respuesta: “¡Es fácil, cuando el bicarbonato entra en la botella y se mezcla con el vinagre, habrá una reacción que hará que se infle el globo porque se va a liberar un gas!”. Algunos globos no se inflan, porque quedan mal puestos o se rompen en la boca de la botella. Pero la reacción siempre ocurre. Se libera un gas, como el gas de una bebida, y en su interior se crea una mezcla efervescente de color blanco. Muchos padres piensan que este resultado es sinónimo de fracaso, que el experimento no funcionó. Piden nuevos materiales, incluso son capaces de realizar el experimento por sus hijos.  Hoy en día, exigimos la búsqueda de resultados cómo sinónimo de éxito. Es más, al fracaso le hemos otorgado valor si obtenemos de este experiencias y aprendizaje.  

En comunicación de la ciencia, declaramos promover el pensamiento crítico, algunas veces en plataformas de comunicación instantánea. Los tiempos reducidos y las interacciones breves nos llevan a poner énfasis en los resultados de la investigación científica. Creamos un pacto donde postergamos los contextos sociales, políticos o económicos, por alcanzar de manera viral un mayor público. Tenemos 3 segundos para captar la atención antes del siguiente scroll. Muchas veces, no tenemos el espacio para profundizar cómo funciona la ciencia y la manera en que los científicos pueden impactar en los resultados obtenidos. En esta transacción por comunicar de manera instantánea, podríamos estar alterando la idea que se tiene sobre ciencia. Lo comentaba el físico y filósofo de la ciencia Thomas Kuhn, hace sesenta años atrás: “Si se considera a la historia como algo más que un depósito de anécdotas o cronología, puede producir una transformación decisiva de la imagen que tenemos actualmente de la ciencia”.

Tenemos un rol social como comunicadores de ciencia, pero también tenemos una ética y una política que será expuesta al momento de realizar nuestras acciones de comunicación. ¿Seremos capaces de captar la atención en 3 segundos con una anécdota sin perder el trasfondo de la comunicación de la ciencia? ¿Seremos capaces de transmitir hacia los padres frustrados que el experimento se realizó y que el resultado, cómo en la ciencia, depende de muchos factores, pero que son resultados al fin y al cabo?  

Al igual que en el mundo científico, no tenemos verdades que nos digan cómo comunicar de manera efectiva y correcta la ciencia, sin embargo, podemos discutir, experimentar y reflexionar el por qué lo hacemos, el cómo y el qué. Aunque sean preguntas triviales, al momento que cada comunicador las someta al espíritu de la época, a su contexto inmediato y a sus múltiples motivaciones, estas sencillas preguntas pueden revelar mucho del tipo de transacción que realizaremos cada uno de nosotros.

Pienso en el niño que desliza la vara sobre la reja. No tiene instrucciones, los clink, clink, clink son suficientes. Unos metros más allá, bota la vara y el experimento desaparece. Días más tarde, el experimento regresa con otra vara y en otra reja. La bota y vuelve a desaparecer.

Creo que la tensión está en justificar la manera en que la ciencia promueve la creatividad y el pensamiento crítico, en una época donde golpear con una vara una reja mientras caminas es una acción infantil que no tiene valor alguno.

Sergio Villagrán

Biólogo y comunicador científico

Director Comunidad El Viaje

Destacamos

  • All Posts
  • Blog
  • Columna
  • Destacadas
  • Mujeres Ciencia
  • Noticias
  • Reportaje
  • Sin categoría

Contáctenos

Edit Template

Entendemos que la educación es la base para una ciudadanía crítica, informada y empoderada.