Por años, la divulgación científica siguió y en ocasiones, sigue, un modelo unidireccional, en el que se asumía que el público era un receptor pasivo de conocimiento, muchas veces considerado ignorante o carente de las herramientas para comprender el contenido científico. Este enfoque tradicional posiciona a los expertos y expertas en la cúspide de una pirámide, desde donde los conocimientos descienden hacia una audiencia que simplemente recibe, sin tener la posibilidad de interactuar o cuestionar.
Sin embargo, estamos entrando en una nueva era de la comunicación científica, una era que abraza la participación activa y el diálogo constante. El modelo bilateral, que cada vez gana más terreno, reconoce que el público ya no es un simple receptor, sino un actor clave en la construcción y diseminación del conocimiento. En este contexto, la ciencia y su divulgación deben ser entendidas como procesos colaborativos, donde expertos y expertas, así como la sociedad tienen roles activos.
Los científicos y científicas de hoy enfrentan el desafío de no solo generar conocimiento, sino de saber comunicarlo de manera efectiva y de relacionarse con audiencias diversas a través de medios y plataformas cada vez más accesibles. Aquí es donde los profesionales en comunicación científica, como asesores y consultores especializados, pueden marcar la diferencia. No solo aportamos las herramientas para comunicar de forma clara y precisa, sino que facilitamos la creación de productos y actividades que conecten con las emociones, intereses y necesidades de las audiencias.
La evolución de las redes sociales y los medios de comunicación digitales han abierto infinitas posibilidades. Desde podcasts, videos interactivos, hasta la creación de comunidades virtuales, las plataformas actuales ofrecen espacios donde la ciencia puede difundirse, debatirse y adaptarse a distintos contextos. Pero este camino no se debe recorrer en solitario. Los y las profesionales de la comunicación científica nos hemos vuelto aliados claves en esta transformación, aportando una visión estratégica que integra estas nuevas herramientas con el rigor científico.
Hoy, más que nunca, es esencial que quienes generan conocimiento adquieran las habilidades necesarias para comunicarlo de manera efectiva, entregando confianza a los y las profesionales especializados y especializadas para llevarlo al mundo. La divulgación científica ha dejado de ser una tarea secundaria; es una responsabilidad compartida que exige creatividad, innovación y, sobre todo, colaboración.
Los y las invito a explorar este nuevo paradigma de la divulgación científica, donde las fronteras entre ciencia y sociedad se desdibujan y donde las posibilidades de conectar, inspirar y transformar son ilimitadas. Es hora de abrazar el cambio y descubrir juntos y juntas cómo, a través de la divulgación científica, la producción de conocimiento, en Chile y en el mundo, puede hablar más fuerte, más lejos y a más personas que nunca, cumpliendo un propósito fundamental: construir sociedades más educadas y por ende, más justas.
Natalia Salazar Muñoz
Directora y Socia Fundadora de CDivulga
Periodista especializada en ciencias, tecnología y educación
