Cuando Carol Uribe comenzó a estudiar Biología, pensaba que su camino estaría en los laboratorios. Pero una experiencia inesperada la llevó a descubrir otra vocación: la educación diferencial. Desde entonces, su trabajo ha estado guiado por una idea poderosa —que todas las personas, sin importar sus capacidades o neurodivergencias, tienen derecho a aprender y participar plenamente–. Hoy, como coordinadora de la Unidad de Inclusión de la Universidad de O’Higgins y directora del centro de hipoterapia y cultura ecuestre Kawell Tuniche, Carol impulsa una transformación que une ciencia, educación y empatía, para que la inclusión deje de ser un ideal y se convierta en una realidad cotidiana.
Carol Uribe se dio cuenta a temprana edad que su forma de comprender el mundo no era típica. A los 11 años, un diagnóstico de TDAH (Trastorno de Déficit Atencional e Hiperactividad) la ayudó a ella y a su familia a ponerle un nombre a como ella se sentía. Cuando ya era docente de educación especial, comenzó a hacer investigación respecto a las neurodivergencias, y entendió que muchas de las cosas que veía en estudiantes que participaban de la unidad de inclusión, también las veía en ella misma. Su diagnóstico de autismo vino en su adultez, como suele suceder a muchas mujeres que descubren considerablemente más tarde su autismo en relación a sus pares varones.
En una nota publicada el 23 de diciembre por el Núcleo Milenio para la Ciencia del Aprendizaje (MiNSoL), Nicolás Acuña, investigador del centro, explica que “el 75% de las mujeres TEA reciben su diagnóstico ocho años después en comparación a los hombres”, citando un estudio realizado en Italia. El investigador señala que en el caso de las mujeres, ellas tienen las habilidades sociales suficientes que les permiten enmascarar las características de este trastorno, al precio de su salud emocional al estar constantemente forzando conductas con las que no se sienten realmente cómodas.
La actual directora del Centro de Hipoterapia y Cultura Ecuestre Kawell, lo explica de la siguiente manera: “Tener una condición hace que todo sea más difícil. Una tiene que estar disfrazada de una forma que no es habitual. Ahora, a mis 58 años me doy permiso para no ir a las cosas que no quiero ir, y no estar con la gente que no quiero estar. Recién, a mis 58 años estoy siendo más libre, imagínate cuánto podría haber disfrutado de la vida de haber sabido antes”, reflexiona la profesora.
Indiscutiblemente docente
Carol partió su trayectoria académica después del colegio debatiéndose entre varias carreras que eran de su agrado, para terminar eligiendo ciencias biológicas en la Universidad Católica y luego cambiándose en tercer año a la UMCE para continuar su formación como docente de educación diferencial. Carol era la única hija en una familia de puros hombres, “eran todos ingenieros, y en mi familia se daba un ambiente de mucho estudio que para mí era muy normal, eso era lo que yo tenía que hacer al salir del colegio: entrar a la universidad. Entrar a estudiar fue muy difícil para mí, porque siempre tenía la dificultad de prestar atención y concentrarme”, explica.
La ahora docente en la UOH, fue una de las típicas alumnas que se aburrían en clase. Si bien explica que era una buena estudiante, nos cuenta que no siempre llegaba al resultado correcto por el método esperado. –Yo sabía todo, pero siempre le daba explicaciones diferentes a todo. Aprendí a leer muy chica, antes de entrar al colegio, después me aburría en el colegio, pero en una familia de puros adultos una también le busca explicaciones diferentes a las cosas–, comenta la investigadora.
Cuando comenzó a estudiar estos temas, aún no contaba con un diagnóstico que le permitiese ser ella misma de mejor manera, pero de igual manera, se vió motivada a crear un espacio más amigable para la siguiente generación. –Mientras me dedicaba a esto, durante muchos años, no tomé conciencia de que también me pasaba a mí, y que de alguna forma también era una motivación para seguir estudiando–, explica Carol. La profesora ha vivido en carne propia lo que significa habitar espacios educacionales que están pensados para el beneficio de unos pocos, y que restan al desarrollo potencial que otros estudiantes podrían tener.
Desde que en su tercer año de universidad decidió cambiarse de carrera y dedicarse de lleno a la pedagogía, tiene claro que una educación inclusiva es el único camino que se puede seguir para que todos tengamos la oportunidad de desarrollarnos al máximo. –La educación inclusiva es científica porque tiene un método, que además tiene que ser revisado y aplicado, o sea, la educación es una ciencia pura. En mi caso, una investigación de ciencias sociales abarca a todo el ser en su expresión, en cómo funciona, que en hay muchos factores que lo determinan y que son determinantes las condiciones que tienen estas personas pero que ellos son parte de este mundo al que pertenecemos–, declara Carol respecto a la intrínseca condición científica de una educación realmente inclusiva.
“Esto debe estudiarse de manera permanente para que nuestro paso por el mundo cobre un significado. Necesitamos a la ciencia para evidenciar que somos un mundo diverso y que hay estudios de ello que lo corroboran, que lo enfatizan. La normalidad no existe, no existe”, sentencia Uribe. Carol podría haberse dedicado a las ciencias biológicas y haber sido exponente nacional en el área de su elección, sin embargo, decidió dar su vida a la docencia, a la incansable búsqueda de una sociedad más justa para todos y todas, y se ha convertido en una referente para su región y comunidad, no solo como docente, sino por medio del trabajo de concientización sobre las neurodivergencias en la cotidianeidad.
La verdadera cultura inclusiva
En Chile, la inclusión de estudiantes con discapacidad en la educación superior ha avanzado, pero aún queda mucho por hacer. Según el SENADIS, el 2024 el 11,1% de las personas en Chile tiene discapacidad, lo que equivale a casi 2 millones de personas de 5 años o más. Sin embargo, Según el Informe de Matrícula de Educación Superior, en Chile, durante el 2024, la matrícula de personas con discapacidad en Educación Superior es de 13.099 estudiantes, lo que representa el 0,95% de la Matrícula Total de educación terciaria.
En este contexto, Carol Uribe desempeña un papel fundamental en la Unidad de Inclusión de la Universidad de O’Higgins (UOH), institución que ha visto un crecimiento significativo en la matrícula de estudiantes con discapacidad. Desde su creación hace una década, la UOH ha pasado de contar con 7 estudiantes con discapacidad a cerca de 260 en la actualidad, lo que representa aproximadamente el 3,3% del total de su alumnado. Este aumento refleja un compromiso institucional con la inclusión, aunque Carol reconoce que aún existen desafíos importantes.
Uno de los principales obstáculos que enfrenta la inclusión es la falta de una verdadera cultura inclusiva. Carol destaca que muchas universidades se autodenominan inclusivas sin implementar prácticas efectivas que respeten y acepten a las personas con discapacidad en su totalidad. Además, señala que las barreras actitudinales, como la falta de empatía y la discriminación, son algunas de las más difíciles de superar. Estas barreras no solo afectan la experiencia universitaria, sino que también limitan las oportunidades laborales de las personas con discapacidad, quienes enfrentan una tasa de empleo significativamente más baja que la población general.
Para Carol, la inclusión no debe ser vista como un favor, sino como un derecho fundamental. Su trabajo en la UOH y su participación en la Red Nacional de Inclusión del CUECH son ejemplos de su compromiso por transformar la educación superior en un espacio verdaderamente inclusivo, donde todas las personas, independientemente de su condición, puedan desarrollarse plenamente. “Si nosotros, como funcionarios, docentes y estudiantes en general, tuviéramos una mentalidad distinta de cómo vemos al otro, obviamente las cosas serían distintas”, explica.
“El primer paso es volver a sensibilizar en estas temáticas, –continúa Carol– para que la gente se abra a estas ideas. Por ejemplo en la universidad tenemos un ascensor, y al lado, una pegatina que dice que suban las personas que tienen una condición primero, después las embarazadas y así. Pero tú ves a los estudiantes aquí en el cambio de hora, y se llena el ascensor y la persona en silla de ruedas tiene que esperar para poder subir”, explica refiriéndose a la nula cultura de empatía existente.
La docente va un paso más allá y piensa en cómo sería una situación ideal respecto al accesos y las condiciones para las personas con discapacidad en la educación superior: “En rigor, no debería existir la inclusión. Cada estudiante debería entrar como cualquier otra persona, con lo que tiene, con lo que es”, explica Carol. Ella está haciendo su parte, desde el trabajo con la Unidad de Inclusión en la UOH, su liderazgo en el Centro de Hipoterapia Kawell, o incluso el acto de contar su testimonio, con las victorias y dificultades que ha encontrado, son un paso más para poder aceptar más, y con menos prejuicios, a todas las personas.
Terapia con caballos para el desarrollo humano
Por su condición autista, Carol explica que toda su vida ha sentido un profundo vínculo con los animales y la naturaleza. Mientras trabajaba en una escuela especial en Rancagua, conoció las caballerizas del Ejército ubicadas en la ciudad y vio allí una oportunidad para unir sus pasiones con su profesión. “Desde antes de conocerlas ya tenía la idea de trabajar con caballos en procesos terapéuticos”, cuenta. Así comenzó a desarrollar un programa de intervención interdisciplinario junto a kinesiólogas de la escuela, enfocado en estudiantes que requerían apoyo motriz y musculoesquelético.
Años después, un amigo suyo le ofrecería el terreno y los caballos que tenía en desuso para que ella pudiera hacer algo con esas cosas. –Obviamente, yo no lo pensé dos veces, fui al lugar, me encantó y me hice cargo de todo. Y ahí ya llevo 14 años trabajando con caballos y niñez, mayoritariamente niñez con neurodivergencias. Cuando empecé con el centro me especialicé porque no podía seguir haciendo terapia como se me ocurriera. Tomé un diplomado de la Escuela de Kinesiología de la Universidad de Chile en Hipoterapia, atención asistida por caballos, y luego me convertí en docente del área de educación especial de hipoterapia en esa misma universidad–, relata la docente y directora del centro de Hipoterapia y Cultura Ecuestre Kawell Tuniche.
Además, cuando ya trabajaba en el centro, conoció a Renata Bender, quien trajo primeramente la hipoterapia a Chile, y con quien trabaja hasta el día de hoy en el centro. –Voy todos los sábados, porque el centro no es un negocio, es un centro que atiende a chicos en situaciones de vulnerabilidad, y ellos no pagan. Los únicos que pagan son un par de papás que necesitan llevar a sus hijos, pero no hay otros centros disponibles y pueden costear las terapias. Gracias a eso se mantiene el centro, y además siempre estamos optando a proyectos para poder beneficiar a niños y niñas de otras comunas también– explica Carol, sonriente de oreja a oreja ante la mención de sus queridos caballos y adorado centro de hipoterapia.
Ella sabe que los costos son un problema. Es muy caro mantener un centro de esta categoría, pero Carol no repara en gastos que puedan beneficiar esta iniciativa: “El proyecto del centro es ambicioso, porque es muy caro. Me he gastado toda la plata que tengo en esto, en vez de ir al mall o comprarme cosas para mí o ir a la peluquería, todo lo gasto en mis caballos y en mis animales. Eso es lo que me llena. Ahora el centro se automantiene, así que seguimos adelante con él”.
El centro de Hipoterapia atiende regularmente de ocho a diez estudiantes, pero están en proceso de adjudicarse un proyecto que les permitirá trabajar con cerca de 40 niños de la comuna de Codegua. “Ahí tendremos que organizar cómo van a venir, pero eso dependerá de las condiciones que tengan. Nosotros trabajamos con colegios, porque el foco es poder darle terapia a los chicos que no podrían asistir en otro caso. También trabajamos con niñez que ha salido del SENAME o que ha estado en situación de mucha vulnerabilidad y ese tipo de instituciones son las que contratan las sesiones de hipoterapia” explica la docente.
Cabe señalar que la evidencia científica respalda que la hipoterapia estimula diversas áreas del desarrollo humano. De acuerdo con una revisión publicada en MDPI Open Access Journals se concluye que este tipo de intervención mejora la función motora gruesa en niños con parálisis cerebral. Así mismo, otra investigación de la revista PubMed centrada en trastornos del neurodesarrollo señaló que la hipoterapia también aporta mejoras en procesos cognitivos y conductuales.
En la práctica, los pacientes permanecen montados a caballo durante la sesión, mientras profesionales de distintas disciplinas (fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, docentes) presentan estímulos y ejercicios que los estudiantes deben adaptar y responder. Esta interacción multisensorial —movimiento rítmico del caballo, ajustes del jinete, estímulos del entorno— genera un escenario en el que se activan mecanismos motores, sensores, emocionales y de integración cognitiva, lo que abre oportunidades para que profesionales de diferentes áreas contribuyan al proceso.
En el Centro de Hipoterapia y Cultura Ecuestre Kawell, donde Carol es directora, conviven profesionales de distintas áreas que permiten el desarrollo de las terapias con su máximo potencial. Como Carol también trabaja en la UOH, ha creado un Curso de Formación General que invita a los estudiantes de la universidad a conocer la hipoterapia de manera introductoria, permitiéndoles durante un semestre, conocer los desafíos y el funcionamiento del centro y sus terapias.
Los estudiantes que llenan el centro los sábados por la mañana, no son los únicos visitantes que llegan al centro. Por lo general los papás de los niños que se encuentran en tratamiento, se quedan a mirar las sesiones y pueden ver en tiempo real los avances que sus hijos logran en un par de semanas que de otra forma les hubiera tomado meses. –A las familias les encanta ver los avances que los niños tienen, cosas que no logran en la escuela o en la casa, pero aquí podemos trabajar en ello y lograrlas rápidamente–, explica. La evidencia es amplia en cuanto al beneficio que significan este tipo de terapias en el desarrollo de los niños, sobre todo con neurodivergencias o con algún tipo de discapacidad.
Carol sabe que esta no es la frontera de la ciencia más lucrativa, pero es una de las que merece más reconocimiento en cuanto a su importancia para la trayectoria de vida de sus beneficiarios. Desde la Fundación Chilena de Hipoterapia, mencionan que no hay ninguna fisioterapia que haya sido más minuciosamente investigada que la hipoterapia. También explican que es el único tratamiento donde el paciente se enfrenta a movimientos similares a los que las personas se exponen al caminar, por lo que se ven obligados a reaccionar activamente frente a los estímulos que produce el rítmico caminar de los caballos. Al ser un tratamiento sensorial, el aprendizaje se logra por medio de sistemas propioceptivos que influyen sobre el aparato motor, como fibras musculares, sensibilidad articular, laberíntica y órganos sensores exteriores, como tacto, vista y oído.
Carol habla con pasión de su carrera en la educación diferencial, pero se emociona aún más cuando nos cuenta cómo la hace sentir poder estar en el centro de hipoterapia. –Es lo que más me gusta de toda la vida, además es muy entretenido. Esto es lo que voy a hacer cuando me jubile. Hay evidencia científica de que la terapia con animales entrega beneficios al ser humano porque aporta estímulos que son necesarios para el desarrollo armónico de las personas. En el caso de los caballos es el doble, porque trabaja todo tu cuerpo, lo físico, emocional, social, emocional, cognitivo y del lenguaje– explica Carol. Se enjuaga las lágrimas y aparece una sonrisa que lo dice todo: mientras tenga a sus caballos, no necesita nada más.
Este reportaje forma parte de la serie Mujeres Líderes en Ciencias, Región de O’Higgins. Un proyecto de CDivulga financiado por el Fondo de Medios de Comunicación Social (FFMM) 2025.
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